Melody

Asociación de Discapacitados Canarios

El origen del Alzheimer es una acumulación de basura en el cerebro

Posted by asociacionmelody en octubre 2, 2008

Claude Wischik

Claude Wischik

Entrevista exclusiva con Claude Wischik

EL MUNDO / EDUARDO SUÁREZ (corresponsal)

El fármaco se llama Rember y no llegará a las farmacias al menos
hasta 2012 pero este verano ha desatado una oleada de
expectación. Básicamente porque consigue lo que ningún
medicamento ha logrado hasta ahora en la lucha contra el Alzheimer: detener el deterioro psíquico de los
pacientes y lograr que algunos recobren habilidades que habían
perdido.

Detrás de Rember está un equipo de 70 científicos dirigido por
Claude Wischik, que ejerce como profesor en la Universidad de
Aberdeen. Hasta ahora se ha probado con éxito en 321 pacientes y
todo está listo para iniciar en 2009 la última fase de
experimentos. Wischik habló con EL MUNDO del nuevo producto pero
también del origen y el desarrollo de la enfermedad y de la
posibilidad de un mundo sin Alzheimer.

 Pregunta.- Explíqueme en cristiano qué sucede en un cerebro
afectado por la enfermedad de Alzheimer

 Respuesta.- Lo primero que hay que explicar es que nuestro
cerebro está hecho de conexiones de neuronas. Estas conexiones
se hacen por medio de una especie de tuberías. Dentro de ellas
es donde se desarrolla la proteína TAU, cuyo papel es hacer que
la conexión sea eficiente. Son como las traviesas de las vías.
Ayudan a que los trenes de información circulen rápido.

 P.- Hasta aquí el funcionamiento de un cerebro sano. ¿Pero qué
ocurre en el caso de los pacientes de Alzheimer?

 R.- Lo que ocurre es que esas traviesas empiezan a reproducirse
sin control. Dejan de responder a las necesidades del cerebro y
entran en un proceso de crecimiento ilimitado. Siguiendo con la
metáfora, es como si las traviesas empezaran a amontonarse sobre
las vías formando una especie de ovillo que entorpece el
tráfico. Es un proceso que hasta ahora nadie ha logrado detener
y que va maniatando y matando las neuronas sin que el propio
organismo logre frenarlo. La metáfora que suelo utilizar aquí es
la de la guía de teléfono. Es muy fácil romper una de sus
páginas, pero muy difícil romper la guía completa. Las enzimas
pueden digerir una molécula de TAU pero no el ovillo entero.

 P.- ¿Tiene usted idea sobre cómo se inicia el proceso?

 R.- Por una parte, es un efecto secundario del envejecimiento.
Nuestras neuronas están con nosotros hasta que nos morimos. Para
funcionar necesitan energía y la sacan de unos dispositivos
llamados mitocondrias que deben reemplazar cada seis meses. A
medida que se hacen viejas, este proceso deja de funcionar y en
mi opinión ésa es la chispa que genera el crecimiento exacerbado
de la proteína TAU.

 P.- O sea, que la enfermedad nace dentro de la neurona.

 R.- Sí. En el fondo el origen es una acumulación de basura. Es
un poco lo que ocurre con la gente mayor. A los ancianos les
cuesta mucho limpiar sus casas. Hay rinconces que dejan de
visitar. Se van quedando sin energía para limpiar. Las neuronas
viejas actúan de la misma manera. Hay un momento en que no
pueden limpiar la basura de la mitocondria y eso es la chispa
para otra cosa. En algunas personas, en otras no.

 P.- ¿Por qué en unas sí y en otras no? ¿Hay factores genéticos?

 R.- Los hay pero son muy complicados. Hasta más de 80 genes
vinculados con la enfermedad de Alzheimer. No creo que la
genética pueda resolver el problema.

 P.- ¿Se puede decir que hemos alcanzado una esperanza de vida
para la que nuestro cerebro no está preparado?

 R.- Es posible. La gente puede vivir cada vez más años. En 2050
habrá más de 1.000 millones de personas de más de 65. Muchas de
ellas desarrollarán los ovillos de proteína TAU que causan la
enfermedad de Alzheimer. Por eso necesitamos medicinas que
permitan a la gente vivir mejor una vida que hoy, gracias a la
higiene y a la comida, es mucho más larga que hace 200 años.

 P.- Su medicamento Rember- está aún en fase de
experimentación y no se pondrá a la venta al menos hasta 2012.
¿Hasta qué punto es eficaz contra la enfermedad?

 R.- Nosotros hicimos el último estudio en 321 pacientes y
durante 19 meses. En ese tiempo, en los pacientes que tomaron
Rember apenas se produjo declive psíquico. Fue un 91% menor que
el de aquellos pacientes a los que se les suministró una
medicina inocua.

 P.- Hay quien les ha acusado de dar falsas esperanzas a los
pacientes.

 R.- No estoy de acuerdo. Rember es mejor que cualquier otra
cosa que se haya hecho nunca. Y es sólo la primera generación de
una familia de fármacos que estoy seguro de que terminarán con
la enfermedad de Alzheimer.

 P.- ¿Pero podrán esos nuevos fármacos no sólo detener sino
hacer correr hacia atrás el reloj de la enfermedad?

 R.- En ratones fuimos capaces de hacerlo. Y estoy seguro de que
en seres humanos también podemos hacerlo, pero necesitamos
aquilatar la dosis. Estamos trabajando ya en la segunda y en la
tercera versión de Rember, que podrían estar quizá en el mercado
en 2014 y 2018.

 P.- ¿Hasta qué punto son reales esos plazos?

 R.- Lo son. No estamos trabajando sólo en la primera generación
de Rember sino también en la segunda y en la tercera.
Necesitamos más recursos y más investigadores pero en mi opinión
entre 2016 y 2018 el Alzheimer será sólo una pesadilla y habrá
acabado.

 P.- ¿Ofrece esperanzas Rember para las personas que rondan
ahora los 60 años y a las que acaban de diagnosticarles la
enfermedad?

 R.- Por supuesto. Hay historias hermosas en el último estudio.
Personas que de repente han vuelto a utilizar el transporte
público o el ordenador de nuevo. Hay otra que había dejado de
hablar de política y que empezó a discutir con su hijo sobre las
primarias demócratas y Hillary y Obama. Son cosas sencillas pero
que suponen un mundo en la vida de las familias, que no quieren
que los pacientes hagan maravillas sino que los pacientes
vuelvan a ser lo que fueron como personas.

 P.- Pero siempre se nos ha dicho que un enfermo de Alzheimer
sólo puede ir a peor…

 R.- Eso no es cierto siempre. O, mejor dicho, sólo será cierto
en aquellos pacientes que se hallen en los últimos estadios de
la enfermedad. Son etapas en las que el deterioro es
irreversible porque los ovillos han matado ya demasiadas
neuronas.

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