El Casal de Europa de Sabadell celebró su día en el Casal Pere Quart con una conferencia sobre la Carta Europea de los Derechos de los Discapacitados.
La pronunció el paralítico cerebral suizo, autor de «Elogio de la debilidad» a punto de licenciarse en Filosofía Pura, Alexandre Jollien, 28.
16/5/2003
-Usted reivindica la libertad del discapacitado para elegir ¿Quién se lo impide?
-Hay una larga lista de abusos de poder y discriminaciones contra los que lucha la Carta Europea.
-¿Qué artículo de esa carta se incumple en Europa de manera más flagrante?
-Quizás la relación laboral entre empresario y empleado.
-¿Quiere decir que un paralítico cerebral cobra menos por el mismo trabajo?
-Peor que eso. Un empresario ya no contrata a un disminuido. Y a mí en la escuela no querían integrarme. Me veían lento.
-¿En qué puede trabajar un paralítico cerebral?
-La informática es ideal. Pero lo más importante es que pueda elegir.
-A usted le metieron a liar cigarrillos y un buen día eligió y se largó. ¿De dónde sacó el valor?
-El valor se alimenta de los ideales.
-No sé si lo entiendo.
-No hay instrucciones cocnretas. Es una lucha diaria contra la resignación y por la autoconfianza. En eso pueden ayudar mucho los amigos y los padres.
-¿Todo discapacitado tiene la obligación de rebelarse?
-Todos los hombres tienen la obligación de rebelarse contra las injusticias.
-¿Es injusto ser un discapacitado?
-No. La injusticia es la manera en que te hacen vivir esa situación.
-¿Su libro «El elogio de la debilidad», recomienda la debilidad?
-Todos las tenemos y la discapacidad es una puerta abierta a la humanidad.
-¿Me lo explica mejor?
-La debilidad proporciona un buen análisis para asumir el sufrimiento.
-La suya es visible ¿Cuáles son las invisibles?
-El miedo, la búsqueda imposible de la perfección. la vida en genberal es dura para todos y hay que desarrollar el arte de vivir.
-Hay gente a los que la vida les va de maravilla y no aparentan debilidad alguna.
-La felicidad no se juzga por signos externos. A menudo los más felices son los que no tienen nada.
-¿La peor debilidad es ignorar tu propia debilidad?
-Eso lo dijo Sócrates (ríe).
-Pues que bien.
-Y desde luego sólo el débil que es consciente de su debilidad spodrá salir de ella. La debilidad puede matarte o puede hacerte crecer.
-¿Es entonces una suerte tener una debilidad tan visible como la suya?
-Depende de cómo la utilices.
-Como sigamos por ahí me voy a perder. Desde luego está usted hecho un buen filófosofo.
-Bueno, me faltan unos meses para acabar la carrera.
-¿Cuál es su especialidad?
-La filosofía como terapia del alma. Mis maestros son los griegos y el romano Boecius.
-No tengo el gusto.
-Un ministro de interior del siglo VI que fue condenado a muerte por un complot político. En la prisión pudo reflexionar mucho sobre la vida y la felicidad.
-¿Qué preguntaría a Beocius si le encontrara?
-Primero le invitaría a tomar unas copas (ríe). Y luego le preguntaría cuál es el estado de ánimo opuesto al sufrimiento y como combatirlo.
-Ojo que nos volvemos a liar.
-Y también lo mismo que me ha preguntado usted: de dónde sacar el valor para la lucha.
-O sea que no era tan mala.
-Es que un prisionero y un discapacitado tienen mucho en común.
-Volvamos a la tierra. Ya ha salido del ghetto ¿Y ahora qué?
-Me han ofrecido trabajar como profesor universitario, pero no creo que acepte. Me cansa mucho.
-Usted tiene novia ¿no?
-Sí desde hace tres años.
-¿Todo bien?
-Estupendo (ríe). Y me entristece ver tantos discapacitados que no sienten esa alegría.
-Quizás no hay muchas chicas como su novia.
-Desde luego no es fácil acercarse a una persoan discacpacitada.
-¿Cómo consiguió usted su amor?
-Creo que le gustó la alegría que me rodea. Pero debería preguntárselo a ella. Está aquí (señala una chica a poca distancia). Se llama Corine.
-Pues se lo pregunto ¿Qué vio en él para enamorarse?
-¡Huy que vergüenza! (él, riendo) Como lo diga, salgo de la habitación.
-(Ella, joven, guapa, sencilla y con tono tranquilo) es algo que empieza como una gran amistad y cuando ya eres su amiga no ves la discapacidad.
El amor es cie… sabio